Hace un mes (el 6 de abril) la ciudad italiana de L’Aquila y sus alrededores fueron devastados por un terremoto. Más de 250 muertos y 20.000 damnificados. La península italiana y en especial estas regiones sureñas han experimentado seísmos a lo largo de su historia, en 1783 a 50.000 personas, por poner un ejemplo. Un seísmo de 6,3 grados que en EE.UU. o Japón no hubiera generado tanta destrucción. Hubo voces que alertaron del movimiento telúrico, como hubo voces que avisaron en su momento de lo que podría ocurrir en el camping Las Nieves de Biescas. Berlusconi se frota las manos, la teoría de los euros por micromuertos, funesta como impactante. Terrorismo de estar por casa, la naturaleza es imprevista, pero los medios tecnológicos nos permiten planificar y preveer. No hay peor ciego que el que no quiere ver.    

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