Sagrada cuestión la de estar nacionalista aragonés y ser nacionalmente aragonés. La gente suele ser suspicaz con estos temas, unos por quedar bien con entornos más internacionalistas (en el ámbito de la izquierda más alternativa), otros por el miedo patológico “del que dirán nuestros amigos españoles” (léase toda la pléyade aragonesista que jamás marca sus diferencias con el Estado) y otros por desconocimiento conceptual. En todo caso en el terreno de lo simbólico los sentimientos reinan. Dicen que el nacionalismo es un movimiento político que aspira a obtener o ejercer el poder del Estado (cito a John Breuilly), por eso hay partidos que cuando cogen su cacho de Estado ya se quedan contentos con su nacionalismo. El soberanismo subiría un poco más la tensión. Y el independentismo ni te cuento. Lo natural sería ser aragones@s sin más,vivir con naturalidad las cosas pero el problema es cuando los nacionalistas españoles chocan con tu planteamiento de vida (ahí está www.aragoncolonial.es) y te obligan continuamente a justificar tu nacionalidad, tu nacionalismo aragonés en este caso: “así que no te alegras que la Roja gane”, “así que cuando vas a Madrid estás en el extranjero”, “¿porqué sacas esa bandera regional (sic) cuando te haces una foto en Dublin?”. Así son las cosas.

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