Hoy es San Blas y en Ateca (Comunidá de Catalayú) se celebra de forma especial. Con La Máscara, un hombre disfrazado de bufón, con un seguro origen pagano y que por vestido lleva un traje con los colores de la bandera aragonesa, rayas verticales y todo. Este personaje, una especie de Cipotegato, sale el día de la Candelaria (el 2 de febrero), encorriendo a niños y lugareños, los cuales tratarían de quitarle alguno de los cascabeles que luce en el cuerpo. Al día siguiente, tratará de subir al cerro que hay a espaldas de la ermita de San Blas. Extraño y extraordinario rito, ya que los niños tratarán de impedir su subida (conquista) a base de manzanazos. Ya arriba, cantan y bailan todos al compás de La Máscara, una especie de sardana llamada “En el puente de Alcolea” (en otros pueblos de la Celtiberia aragonesa se ha registrado esta canción). Rito ancestral aragonés que nos habla de la cultura popular del país, la de toda la vida. Los que han investigado el tema (como Jesús Blasco) creen que La Máscara pudo tratarse de un acto de exhibición de lo que era una villa de realengo, siempre fiel al monarca de turno, en épocas convulsas como el siglo XIX. Esta tesis de capitalismo político me parece un tanto artificial o forzada, pero tampoco hay que desecharla, ya que la mofa y la careta eran típicas de etapas un tanto oscuras, de represión y de crítica a regímenes opuestos.  

 

Vía / BLASCO, Jesús, Ateca. Retazos históricos, 2001, pp. 220-227.

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