Eso parece elucubrar Heraldo de Aragón en la noticia “Aragón tiene tres de los diez tramos más peligrosos de las carreteras españolas” (edición de 18.01.09). Según un informe del RACC somos el quinto país más necesitado a la hora de prioridades e inversiones en infraestructuras viarias (a la cabeza, Andalucía, imagino que por extensión). Esos tres puntos negros son: el tramo entre Calanda y la Venta de la Panolla (14 kilómetros); 13 kilómetros entre Puente la Reina y la muga provincial con Zaragoza (sic), en Bailo;y los 11 kilómetros que unen María de Huerva con la capital del país. Aunque también podemos hablar de la N-II, de la carretera de Tarazona a Soria, de la Transpirenaica, de la zona de Sopeira, el Congosto de Bentamillo, de Samianigo a Chaca, la N-232… Pero la cosa no acaba aquí, un estudio de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Heraldo, 20.11.08) revela que somos los que más años de vida perdemos en accidentes de tráfico (años, calidad y riesgo de que suceda). Hay estudios para todo pero las correlaciones están ahí.

Siempre estamos llorando carreteras. A base de llorar se consiguen cosas pero en un Estado occidental, moderno, rico, del primer mundo no se debe eternizar e hipotecar el bienestar con tortuosas carreteras. El día que tengamos un Estado propio se protestará por otras cosas pero no por lo de siempre. ¡Prou de ploriconiar!

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