La misoginia es absolutamente universal, une a cristianos, judíos y musulmanes. Cohabita a lo largo y ancho del planeta, sin distinguir etnia, creencia o nación. Una masculinidad que vota a partidos ultraconservadores y con alta filiación religiosa, que dice actuar en defensa de la familia y del orden natural de la sociedad. Sensibilidades que se manifiestan contra el control de la natalidad, contra el divorcio, contra el aborto, contra los derechos de gays y lesbianas. Contra cualquier medida que suponga equidad entre mujeres y hombres. Homofobia que traspasa fronteras y que une a Hamas, el Likud o el Partido Popular. Ahí están. Contradicciones de nuestras luchas de gaseosa. Aprovechemos coyunturas pero no olvidemos con quién nos juntamos.  

Estoy leyendo a: Carlos LOMAS, ¿El otoño del patriarcado?, Barcelona, Península, 2008, p. 103.

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