Ufanos ellos. Relamen heridas ante lo que era un banal ensalzamiento de su enseña. Ni más ni menos. La locura (más virtual que real) se ha desatado pero la guerra de banderas no es algo nuevo ni se acabará ahora. En el mundo del deporte, fútbol por ir más lejos, se ha puesto de moda que los equipos del Estado español, cuando salen fuera de sus fronteras lleven la rojigualda. Iniciativa puesta de moda por el Sevilla, cuyo españolísimo presidente (José María Del Nido) ya ha demostrado muchas veces su talante (tics catalanófobos). El Atlético de Madrid, el Getafe, ahora el Real Madrid. Lo bueno es que hay gente a la que no le ha sentado nada bien el tema: el grupo ultra sevillista Biris Norte ya ha mostrado su rechazo a que su equipo lleve esa insignia. El triunfo de la selección en junio ha desatado el nacionalismo banal, haciéndolo estúpidamente explícito. Lo ejpañol de moda. Pero sin respetar otras sensibilidades nacionales. Belloch hace años que ejerce de casposo. El Real Zaragoza luce la bandera nacional aragonesa, aunque duró poco su alegría europea. Y la SD (H)uesca lleva en su segunda equipación la Cruz de San Jorge. Aunque luego argumenten que es para los oscenses madridistas (sic) ya que la primera equipación es azulgrana. Síndrome de Estocolmo mareante pero aún olemos algo a pescadilla. Esperemos que no se muerda la cola.

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