Si dejas a cuatro comunistas en una habitación al cabo de dos horas se han separado. Tienen una capacidad infinita para la escisión y para la teorización de las diferencias. (Sergi Pàmies, hijo de Gregorio López Raimundo, dirigente del PSUC) (El Periódico, 30.12.07). 

Ayer noche nos juntamos en un bar de Uesca cuatro nacionalistas aragoneses. Cada uno con su devenir vital, unos más cercanos que otros pero los cuatro habíamos compartido momentos comunes. De una forma o de otra, el tiempo pasa inexorable y los cuatro ya rondamos, si no los tenemos, los 30 años. Reconforta volver a levantar el puño izquierdo, bien cerrado, mientras gritas el exorcizante Independenzia! Los cuatro hemos pasado por la Cha, cada uno con su intensidad, y los cuatro nos hemos alejado. La dura soledad del nacionalista. Unas horas antes acudía a una reunión “informal” en la que un grupo de jóvenes, muchos ligados a las juventudes del PCE, buscaban la forma de articular un espacio juvenil (un ateneo) en Ues-quieta. Propuestas, ideas, inquietudes. Uno que se aleja, añora tiempos pasados, pero todos sabemos que los recuerdos generan melancolía. Mucha melancolía.

La militancia por el país pervive en el tiempo. Más allá de siglas y grupos varios. Generacionalmente nos encontramos en un extraño impasse, que a largo plazo ha de fortalecernos. La ideología nunca se puede eliminar. La obsesión por despolitizar es el primer paso para la muerte como seres libres, reconocidos nacionalmente (derecho a) e igualitarios (redistribución de). La alternativa es el capital humano, la gente. Hay que volver a reencontrarse. Cuestión de tiempo.

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