El pasado 15 de junio nació una nueva corriente de opinión en CHA, se llama CUCHA Y PAÍS. Lo hicieron en el pueblo del Cañizar del Olivar (comarcas sureñas, la “aldea gala del nacionalismo aragonés”). Una corriente como herramienta para cambiar a la Chunta. Hay poca información de la corriente en la blogosfera (los grilletes bernalistas aún perduran) (o la prudencia, me dirán otros). Me aferro a esta entrevista de Valentín Cazaña (Valentín Cazaña PORTAVOZ ´CUCHA Y PAÍS´ DE CHA, 17.06.08) para tratar de informarme sobre la cuestión. Comenta Valentín que tratarán de recuperar a los que se han ido, desmarque ideológico respecto a Puyalón (soberanismo frente al aragonesismo de amplio espectro), continuum respecto al sector crítico que lideró Lola Giménez, aportación de pluralidad leal a CHA (la dirección actual, se entiende), más participación en el movimiento social y apertura a la sociedad.

Ángel Hernandez lo define de esta forma:

Cucha y País es una idea, es un sentimiento, una forma de entender la política, de entender esta tierra nuestra. Cucha y País es un objetivo compartido por muchos nacionalistas, por gentes de diversa condición unidas en un reto, en una corriente, una apuesta de futuro por lo nuestro.

 

Me suena a lo de siempre, la cultura política chuntera de siempre. Una oposición al poder constituido y poco más. Falta algo. La persona que está detrás de Aragonando se aleja ya de CHA, apura sus últimos días como militante de este partido. Y sé que seguramente se está cocinando algo interesante. Espero que así sea. La lealtad mal entendida. Es probable que cambien el partido, es cuestión de tiempo, de ahí la urgencia, más que importancia, en vehicular a la gente que se ha ido. Porque cuando echen a Bizén, Juan, Nieves o Chesús, éstos, no tenderán la mano. No quisisteis integrar. En toda esta historia, lema recurrente el de “Izquierda y País” (al concejal de Uesca Miguel Solana se lo he oido varias veces), hay algo raro. Huyen de todo lo que huele a Puyalón, sin querer aprender de esa suma de aciertos y errores. No hay un cuestionamiento de principios ideológicos, ¿asumir el soberanismo socialista como seña de identidad y transformación social? Es como si en el análisis sólo se quedaran en la cuestión de la renovación física. Tiempo y suerte. Es todo lo que hace falta.

 

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