Si nos fijamos en el país, afirmaríamos que existe una realidad política que opina e influye sobre la realidad trilingüe aragonesa -lejos, muy lejos de lo que podemos llamar etnonacionalismo o nacionalismo cultural. PSOE, PAR y PP han tenido responsabilidades de gobierno en las llamadas políticas de identidad. El resultado actual aquí lo tenemos: pasividad y omisión. Un genocidio cultural en toda regla. Por otro lado CHA apostaba por una política de reconocimiento y normalización, ejerciendo durante un tiempo de punta de lanza de lo que llamamos movimiento asociativo en defensa de la lengua. Su debilidad y falta de firmeza, aparte de no tocar el poder del Pignatelli ha provocado que este mensaje de identidad quede en el limbo. De IU no diremos nada, aparte del reconocimiento al trabajo cultural de militantes como Anchel Conte, políticamente agua de borrajas.

Precisamente por este vacío y ante la intoxicación constante del españolismo peninsular (léase conflictos blaveristas en el País Valenciano o manifiestos a lo Savater) nació, con el cacao de la FACAO delante, la Plataforma No Hablamos Catalán, que aprovecha la pasividad política para hacerse un hueco en la carroña. La fabla espera (y desespera). Los catalanes se rayan (L’Estatut nazi d’Aragó). Y nuestra respuesta soberanista no es todo lo contundente que debería (Antifascismo aragonés: la vergüenza). A ver si de aquí a un tiempo, sacamos el cava aragonés y festejamos que en este parlamento tan colonizado (Cortes de Aragón) se acuerden de todas las minorías y actúen reconociendo lo que somos… un Aragó trilingüe també.

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