Pero el rechazo, casi unánime, de un Kosovo independiente que se registra entre nosotros bebe también de la certeza, rara vez verbalizada pero evidente, de que los Estados y sus fronteras son sagrados. Sin rebozo se nos dice que, a la hora de determinar si un territorio o una población pueden abandonar el Estado en que se hallan, ello debe ajustarse escrupulosamente a lo que rezan las leyes de éste, en franco olvido, claro, de que esas leyes obedecen casi siempre, como no podía ser menos, a percepciones ontológicamente hostiles a cualquier perspectiva de secesión.

 Carlos Taibo “Kosovo y las esencias”, Público, 16.02.08. 

La hipocresía de esconderse bajo la ilegalidad de los procesos de emancipación esconde esta rotunda verdad. Ni derechas ni izquierdas. El sentimiento estato-nacional por encima de todo. Fidel Castro criticando a Solana por permitirlo. El PP acusando al PSOE de gobernar con los separatistas de ERC. Zapatero jugando a “ser el más patriota” en el debate del pasado lunes. Las fronteras son sagradas y la constitución también. No juegen con fuego, que los quemaremos vivos, y da igual ser violento que no. ¿Quieren un ejemplo? El borrador de ordenanza cívica que se quiere llevar a cabo en Uesca (gobiernan PSOE-PAR), resulta que el ambiente cívico ideal es aquel donde se respeta toda manifestación pública que se realice dentro del marco que establezca la Constitución Española y legislación vigente. Aclarando, ¿el independentismo está fuera de la Constitución? De la actual, of course. ¿Puede ser democrática la emancipación? También. ¿A qué huelen las rosas socialistas? A vacas sagradas de la India. El sistema manda. Mientras no ilegalicen los IKEA.

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