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Andaba yo preocupado con las mayorías y las minorías y me topo con esta maravilla de reflexión de un compañero de lucha anticolonial (Bendrix, «Despedida. Cierre. Horizonte. Caricias). Y es verdad. Cambio de ciclo. Esa es la victoria más perfecta. Los ciclos se cierran. Y el de Chobenalla está llegando a su abismo. Sin miedo. Con total dignidad. La muerte de cerca, el cielo y el infierno para los justos. Os dejo con esta maravillosa reflexión…

Se aproxima un cierre de ciclo, que cada día se hace más necesario; no para la izquierda independentista, sino para cualquiera que en este país tenga la más mínima sensibilidad nacional y de clase. Como movimiento nos movemos ante y contra una estructura de oportunidades políticas. Por mi parte, hace tiempo que asumí dos cosas: que no voy a participar al 100% al final de la espiral y que todo el vertiginoso descenso no ha sido una lucha de la cuyo resultado no voy a ser partícipe. Otros vienen, mucha gente se queda y algunos vuelven, pero soy de los que pueden aportar durante un tiempo. Concepto karmico o vitalista -como bien saben Felet y Diaple, soy algo nietzscheano, que se le va a hacer-, pero realidad palpable (aunque de eso hablaremos cuando lleguen las caricias).

 

Dije cierre de ciclo… y aqui es donde Dios murio y sobrevivio en la gramática. Nuestro tiempo no es lineal y nuestro reino no es reino pero si es de este mundo. Cambio de ciclo en el que Chobenalla se enfrentará por fin a su abismo. Intentamos ser el vehículo organizativo de un cambio, de una pequeña revolución. Elegimos ser algo que en movimientos sociales siempre está destinado al fracaso y siempre está destinado a darse: puente y pantalla. Esto conllevó dejar de ser vehículo organizativo para pasar constituirse en referencia (no llegamos a solidificarnos como referente, y eso está bien) simbólico, ideológico y, para algunos, de actitud. Y así, a esta carrera de fondo de cuyo resultado (o mejor, resultados, de participantes concretos) aún andan pendientes algunos, llegamos desfondados. En realidad, no es poco: llegamos. La realidad, magnífica y terrible para los que habeis dado tanto por y para el movimiento, es que en esta carrera Chobenalla ha agotado su función y su proceso histórico. La supervivencia dependería de la adaptación, aunque resulte probable que no sea necesaria. Sobre el resultado: nunca me importaron el maillot amarillo, el campeon de la champions, el de los Masters. Disfruté viendo a Kafelnikov, Theunisse, el Nantes del 2001, a Fignon perdiendo en la última etapa o el sufrimiento de Chiesa o el último Roche. Siempre animo al equipo que juega contra los Rangers a no ser que sea el Milan o el Madrid.

Cuando miras el abismo, el abismo te mira a ti. Levantando la mirada más allá siempre encuentras el horizonte, y el vértigo nunca duerme. El horizonte es la mera supervivencia del pais y de su clase obrera. Como hecho y como conciencia. Que cada cual lo afronte como sepa, solo o en compañía. Yo, por mi lado, he encontrado la manera que se amolda a mis posibilidades, capacidades, deseos, miedos, carencias y debilidades. Que todo el mundo se sienta acompañado. Que cualquiera sea solidario. Non avvere paura, decía el viejo depravado. Que lo tengan ellos. Chobenalla será sabia y algo suicida, como es debido y sabido. Todos los movimientos tienen sus suicidas, como el «Amanece que no es poco», y no es que queramos cambiar el personaje, es tan solo que, aun con todo a nuestro instinto le cuesta renunciar a la vida, y a la realidad, prescindir de nuestra belleza y nuestros lamentos. La lucha sigue siempre. La victoria es imposible, la derrota inalcanzable. Incomprensible.