Aragón como problema. Abusamos de sufrir, padecer y soñar demasiado. Rodeados de odiosas comparaciones. Un país que se ahoga en su propio sudor. Ya desde los años setenta del siglo pasado se lleva este discurso, esta mentalidad: el estancamiento depresivo. Como la tierra que pisamos ¿verdad? Paradójicamente algunos sueñan con esa imagen costiana de un Aragón francés, “con una verde campiña, ríos de caudal constante, carreteras, ferrocarriles, etc.” (acertada metáfora de Gaspar Mairal). La utopía hecha realidad y se vuelve en pesadilla. Poca población, dura montaña, pocas lluvias. Identidad de fracaso, por no saber asumir lo que somos y lo que tenemos. Independencia o muerte. Esa es la cuestión.

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