Me fastidia y mucho todo este mundo de opinadores, que habiendo tenido en un cierto pasado, alguna relevancia social, se dedican a opinar y sentar cátedra sobre asuntos de los que no tienen ni puta idea. Es el caso de Hipólito Gómez de las Roces, expresidente de esta nuestra querida Comunidad Autónoma, quien se puso a teorizar durante el mes de septiembre con dos artículos en El Periódico, (“¿Hay lengua como la mía? I”, de 16.09.07, y “Dos lenguas universales II”, 23.09.07). Apela al abandono de las lenguas privativas, ya que “no es útil ir por el mundo intentando que nos entiendan hablando en chistavino o en chapurreao”. También hace un sesudo análisis al afirmar que “en Aragón pasan de diez las modalidades lingüísticas que de alguna manera se usan”, y algunas han sido recicladas para uso foráneo, ¿será el catalán? Lenguas universales por aquí y por allá, obviando constaciones psicopedagógicas tan claras como el hecho de que el bilingüismo mejora las condiciones de asimilación de más lenguas y de más materias.

Habrá que hablar de colonialismo lingüístico mental, único proceso que explica la extensión de una lengua en detrimento de otras, y la banalización de la que hacen uso los de siempre: es evidente que los hablantes de inglés presentarán siempre una clara tendencia al monolingüismo, ¿ese es el miedo de los españoles? El lingüista Louis-Jean Calvet proporciona argumentos de peso para reflexionar sobre la posibilidad de que serán las lenguas llamadas hipercentrales (para que nos entendamos, a día de hoy el inglés) las únicas que pueden permitir la supervivencia de las lenguas periféricas, ya que el refuerzo de estas últimas siempre irá en detrimento de las lenguas supercentrales (castellano, francés, chino o árabe). Luego tenemos las lenguas centrales (que son unas doscientas: el checo, el armenio o el quechua) y que estarían en una especie de tierra de nadie (en Pour une écologie des langues du monde, 1999, París). Modelos y teorías aparte, los españolitos abogan por no promover ni el gallego ni el vasco ni el aragonés, ya que será el ejpañol la lengua que nos proteja en la era de la globalización. Puro darwinismo lingüístico. Así van las cosas en el mundo de Hipólito y otros genocidas democratizantes. Demasiado listo suelto.

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