El fin de semana nos dejó una perla valenciano-españolista. El ayuntamiento de la capital del País Valenciano rechazaba la instalación de la llamada “Caravana del Agua” una especie de promoción temporal de la Expo zaragozana por diversas ciudades de nuestra cárcel estatal. Joujoujou. ¡Sorpresa, sorpresa! El primer teniente de alcalde, Alfonso Grau (PP) declaraba que sería normal que los agricultores “monten una tomatina como la de Buñol, pues qué se le va a hacer” (http://www.heraldo.es/heraldo.html?noticia=209058). Provocación, mala hostia. Está el tema calentito. Simpatías o empatías aparte, es miserable tener que leer estas cosas. Como siempre, jugando al tenis PPSOE.

Que publiciten o no la Expo 2008 ni me va ni me viene. Resulta curioso constatar el alto grado de cohesión estatal que genera la muestra. Es normal que los desarrollistas echen el grito al cielo. Pero también es cierto que la sostenibilidad o sus planteamientos no son precisamente muy frecuentes en Aragón. El traje de sastre, precioso pero vacío de contenidos. Me fastidia la manipulación interesada pero también la percepción creciente de un odio interno, una xenofobia que crece día a día en algunos territorios (la dupla Valencia y Murcia fundamentalmente). Vascos y catalanes saben perfectamente de lo que estoy hablando. El nacionalismo español hace su juego de revolver el gallinero de vez en cuando, azotan con las selecciones deportivas, lo de su banderita en las instituciones, el himno en Galiza, o la censura represiva antimonárquica. Vamos de cojón.

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