El pasado 4 de septiembre la directiva de la Federación Española de Fútbol vetó el partido amistoso que programado para el próximo 14 de octubre, entre las selecciones nacionales de Catalunya y Estados Unidos (en Marca, 04.09.07), ya que coincide con fecha oficial de celebración de partidos internacionales. ¿Resultado de la votación en la federación? 18 votos en contra, 3 abstenciones y 3 votos a favor. El monopolio de la mala hostia española. Y lo digo así parafraseando a Weber cuando definía al Estado, como “aquella comunidad humana que aspira con éxito al monopolio legítimo [aceptado] e ilegítimo de la violencia”. En este caso la violencia simbólica y del principio autoritario de preeminencia estatal ante todo. El cabreo del presidente del FC Barcelona era muy normal. La Generalitat una vez más, constata como al final, o rompes la baraja y luchas por la independencia de tu nación, o te ponen un techo invisible que jamás podrás sobrepasar. Es así. No hay soberanía, ni siquiera autonomía (en el sentido radical de la palabra), sólo concesiones que nunca se han de rebasar.

El deporte una vez más actúa como el gran contenedor de las identidades nacionales y sociales. Los españoles lo sabe muy bien: cohesiona mejor la selección masculina de baloncesto que la familia borbónica, una victoria de Fernando Alonso que cualquier corrida de toros. El deporte como fenómeno de masas es un elemento fundamental en la nacionalización de las sociedades contemporáneas. Eso lo sabemos todos. Y claro, ahora que su selección de fútbol está mal, vienen los catalanes a montarnos su partidito. Parafernalias patrioteras para todos los gustos, medalleros falseados por realidades amagadas. Todo un ejercicio de cinismo. El ¡Arriba España! de cualquier gol, canasta, golpe de pedal, etc, etc. Un tal Mariano Rajoy lo sabe muy bien, escribiendo como un vulgar columnista sobre basket en el españolista diario Marca. Hablando del fallecido Antonio Puerta, el icono del joven español deportista y rico. Otro día hablaremos de la muerte como redentora de conciencias nacionales. ¿Y Mariano aspira a presidir su Estado escribiendo sobre una pelotita naranja?

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