No pedimos cargos, queremos hablar de país. Queremos que los temas de identidad y de lengua sean prioritarios en cualquier pacto, que el catalán sea la lengua vehicular.

Estas cosas manifestaba la presidenta de Unió Mallorquina, María Antonia Munar, el pasado 3 de junio. Su partido apostaba por ir en contra de cualquier planteamiento que tuviera el PP (especulación en la fachada marítima de Palma, ordenación territorial agresiva con el paisaje autóctono). Los españoles andan nerviosos con la pérdida de la mayoría absoluta, de 30 a 28 diputados. Tal vez esto abra una crisis interna respecto al discurso mononacional del Partido Popular. Tal vez no. Ya consiguieron un milagro, que la regionalista UM adquiera un discurso más respetuoso con la nación balear.

La alternativa ya está en marcha, con el PSOE, Bloc per Mallorca (coalición con el Partit Socialista de Mallorca-Entesa Nacionalista, Esquerra Republicana de Catalunya y Alternativa Esquerra Unida-Els Verds) y UM. Unos 180.000 votos. El presidente será el sociata Francesc Antich, apoyado por esta heterogénea alianza pro-identitaria, en la que algunos quedaron fuera. Lo que vale hoy quizá mañana no valga, ya se repitió un escenario similar en la legislatura 1999-2003. El nacionalismo balear y el catalanista han apostado por gobiernos, como dicen ellos, progresistas, ecologistas y alternativos. Las Islas Baleares son un país difícil, complejo, cada isla ofrece su configuración política, y el hecho singular de la insularidad da cierta perspectiva de libertad. Veremos que ocurre.

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