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Otra vez con la guerra de banderas. Parece ser que el Tribunal Supremo va a obligar a que la bandera colona muestre sus colores en los edificios públicos del gobierno vasco. Continúan las venganzas identitarias sobre Ibarretxe y el nacionalismo vasco. Desde Catalunya llega la reacción, instando al Estado español a que ponga la senyera en los edificios del Estado en territorio nacional catalán. Pues sí. Reciprocidad y solidaridad. La ley de la imposición es la que siempre dicta las estrategias del nacionalismo español. Si ellos no tienen la mayoría ya se encargarán de subvertir los sentimientos de la población para legitimar su país banal: así se ve en Euskadi donde la ausencia de la bandera estatal se correspondería con una población que no se siente española. Menos mal que ya cayó el último toro de Osborne que campaba en el principado. Aquí aún queda un largo y duro camino en nuestro reconocimiento nacional.

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