Quedan 317 días para que se inaugure la Expo. La amenaza del azud sobre el río Ebro comienza a hacerse realidad. La proliferación de parques fluviales en los entornos urbanos esconde una malísima mentira: lo natural parece sucio, y lo urbanizado se ve más bonito y seguro. Esta puede ser la razón de la escasa contestación popular que ha tenido el proyecto (la clase media es así). El Ebro, santo y seña de Zaragoza, pasará de río a canal a su paso por El Pilar. Menudo dilema. Aumentamos el nivel del agua y ya nada será igual. Y encima será como poner un hotel de cinco estrellas a los entrañables mejillones cebra. CHA, que no dijo ni mu, durante cuatro años, ahora salta a la palestra alertando que el Ebro se va a convertir en un parque de atracciones. IU también protesta, aunque son tan pantaneros (por lo de Yesa) que paso de tomarlos en consideración. Hay protestas (bravo por ANSAR). Todo huele mal. La Expo está podrida. El eco-aragonesismo apuesta por el crecimiento cero y la soberanía. Ya vale de Espelunciecha(s) y (cha)puzas.

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