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Marcelino el Invicto ganó las elecciones, el PAR como las lagartijas, el PP a lo serpiente (mudando pieles), CHA cae por su inercia autocolonizadora e IU, no sé que contar. Pero seguimos con el subidón de adrenalina de la EXPO (lo escribo con mayúsculas para no ser acusado de transgresor), nos hemos olvidado, por breves y efímeros instantes, pienso yo, que este terruño que pisamos sigue siendo Aragón, el país de la utopía y la desesperación. A pesar de todo, no conviene construir castillos de arena, jugando con las expectativas socioeconómicas de una buena parte de nuestra sociedad, más que nada por que hablamos de muchísimo dinero público, de los constantes esfuerzos de los contribuyentes y de las cada vez más posibles hipotecas en forma de desarrollo sostenible, redistribución comarcal de las inversiones, por no hablar de cosas tan triviales (y pido perdón de antemano) como el precio de la vivienda, el encarecimiento constante de la vida, las listas de espera en los hospitales o la programación cultural del municipio donde vivimos. El faraonismo sociata nos trae bajo la máxima de pan y circo todo un mundo de experiencias de cartón-piedra lideradas por esto que llaman EXPO, que va a cambiar nuestras vidas para siempre y Zaragoza dejará de ir contra Aragón, para fagocitarla definitivamente. Se trata de eso, no engañen al personal, hasta los afables oscenses cayeron en la broma de esa extraña madrina. Zaragón. No sé donde leí este curioso nombre. Los pensadores neoliberales babean con PLAZA, Walqa, Platea, Ikea la logística del aeropuerto, quieren aprovechar la marca (sic) “Zaragoza-Aragón”, dicen, que para situarnos en el mundo. Vendrán los chinos a visitarnos, a pasear en camello por Monegros, a esquiar en Candanchú, hacerse un lifting en los baños de Panticosa o pasear románticamente de la mano por algún callizo de la mudéjar Teruel. Mientras tanto, algún onso sorprenderá a los aguerridos montañeros vascos por las campas de la Selba d’Oza, aquí le echarán las culpas a los franceses, como en 1591, que eran luteranos y esas cosas eran peligrosas para Felipe II de las Castillas.

También se habló de aprovechar el Ebro. Se nos quedó el culo bien prieto con lo del trasvase. La derecha, que ahora sólo juega a radicalizar y mentir en los mass media, estuvo a puntito, Aznar puso la primera piedra (sic) de la tubería. Tantas joticas dedicadas a los galachos y sus exquisitas curvas, y ahora llegan los tecnócratas de siempre a cementar y tal. Más bancos y columpios. Luego, murcianos y valencianos, quieren exponer sus excelencias hidraúlicas al grito del Ebro es nuestro, ¡qué desfachatez! Eso sí, todos van como locos a hacerse la foto en La Romareda, esos chavales, rubios, altos, negros, algún aragonés caido en gracia, haciendo del fútbol un buen arte. Me gusta este deporte, desprecio las vanguardias. La inteligencia emotiva dominará el mundo. Pero el todo por el fútbol lo detesto, como si fuera una patria obsesiva, que engulle cualquier resquicio de la realidad, no se habla de otra cosa, y claro, llegan los del baloncesto y ganan el Mundial, ¿para qué? Aragón igual jugó contra Chile en diciembre, bonito y digno. Vientos de libertad. Ese día no sopló cierzo.

Viendo este percal, enjundioso y decepcionante para cualquier ciudadano de a pié, pongo luz y taquígrafos para hablar del eco-aragonesismo, separados ambos conceptos por un guión con el que uno vigila al otro. Reciprocidad calculada. La casa y la patria, que viene a ser lo mismo, con una buena casa, se puede gestionar lo que quieras. Tras nuestra segunda reforma del estatuto (el de autonomía), nos han hecho un buen afeitado y p’a casa. Colonos y contentos. Ya nos vale. Marcelino estará contento… Aragón en la vanguardia del españolismo. A todo cerdo le llega su San Martín. Y no quería insultar. Era por el olor a purines, que poco a poco, va pudriendo el país.

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