Hará unos cuatro meses el deportista aragonés Alberto Zapater (jugador del Real Zaragoza), hacía unas declaraciones, naturales y sinceras, en el diario estatal As (21 de marzo de 2007), con sede en Madrid (que nadie lo dude). El tema era la selección española y la brillante temporada que este futbolista estaba haciendo con el primer equipo nacional. Pero el seleccionador español no le convocaba para ningún partido, fuera oficial u amistoso. Alberto ya había debutado con su selección nacional, la aragonesa, en el Aragón-Chile del ya histórico 28 de diciembre de 2006. El caso es que Zapater se descolgó con la siguiente declaración, “prefiero la Champions que ir a la Selección”. Un deseo claro y rotundo de querer llevar al Real Zaragoza a la Liga de Campeones, por encima de debutar con una selección extranjera como la española.

El no-nacionalismo español reacciona con visceralidad ante estos casos de dudas, de afrentas a la identidad española, sobre todo en el ámbito ultramediático del fútbol. En los días siguientes el aparato identitario de As se puso en marcha, en plan No quiso decir eso, o La españolidad de Zapater está fuera de toda duda. Creo que al final lograron unas declaraciones en las que equiparaba deseos (aragoneses y españoles). El eterno empate a cero. En definitiva un ejemplo más de nacionalismo banal (algún día hablaremos de una genial lectura: Billig, Michael, Banal Nationalism. London, 1995) absolutamente implícito, que se vuelve agresivamente explícito cuando cuestionas esas extrañas fronteras mentales entre lo saludablemente regional y lo inequívocamente emancipatorio.

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