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Archivo de la etiqueta: violencia simbólica

Un país raro el catalán. Estuve la semana pasada de vacaciones por Cambrils y pude disfrutar de la agradable dualidad en la que se cierne la dialéctica centro-periferia en el estado español. Agradable por imágenes como esta:

Pero extraña también. Los chiringuitos estaban llenos de camisetas de la selección estatal, algo normal, pero la saturación visual era excesiva. Por otro lado, pasear por estos lares con la camiseta de la selección aragonesa es exótico, por muy extraño que parezca: miradas raras como si fuese la camiseta del Magdeburgo y alguna cómplice (aragoneses veraneantes). En todo caso el consuelo es corto, conversaciones entre catalanes, una chica habla en catalán, el hombre en castellano. Hasta ahí todo normal, la cuestión es que cuando el hombre quiso interpelar sobre que eran de Lleida y demás, pasó a hablar en un correcto catalán. Un señor de mediana edad que hablaba con sus hijos en castellano. Y ya de colofón identitario os paso una imagen de nuestros vecinos de parcela, colonos y orgullosos (por el Mundial claro está):

Esta es la fábula del elefante y la mosca, que vivían en idílica y conflictiva relación. El elefante, mamífero por excelencia, pasivo, gigante, se deja “putear” consciente de su fortaleza. La pequeña mosca, activa y constante en su esfuerzo, trata de molestar al elefante, que encima no le deja salir de su territorio, volar en libertad. Ella, tiene que mostrar continuamente sus armas, su identidad, si no fuera así, desaparecería ante la gigantesca masa animal del elefante, el cual, cuando se emborracha o alegra en exceso, tiende a la prepotencia, y hace cosas raras, vanagloriándose de su fuerza, riéndose a carcajadas de la mosca, que ve su libertad cerca pero algo intoxicada. Esta es la fábula de cuando el nacionalismo español, el que no existe, exhibe su banalidad, ante moscas periféricas como la aragonesa.

Podría copiar y pegar el post del año pasado ya que las sensaciones son tan parecidas que parece que vivimos un eterno día de la marmota. En un día preparado para sufrir otra exaltación nacionalista más, si España ganara a Portugal en los octavos de final del Mundial. Es lo que hay, la blogosfera calla ante esta fecha y las organizaciones sociopolíticas más de lo mismo (ni TA, ni CHA, ni su Fundación 29 de junio, ni BIC ni nada). La crisis en la agenda de unos, las fiestas campestres en otros y la incapacidad en algunos. Viento en popa al absolutismo español. En bandeja de plata.

Palabras de José Aced sobre su experiencia al llegar a Barcelona en los años veinte del siglo pasado…

Los dueños me trataban bien, aunque no tanto algunas clientas que con desprecio me llamaban castellanufo. Les corregía diciéndoles que no era castellano sino aragonés.

- ¡Ah, bueno!, los aragoneses son buena gente.

Algunas me decían:

- Los catalanes y los aragoneses somos como hermanos.

José Aced, Memorias de un aragonesista, Zaragoza, 1997, p. 23. Citado en PEIRÓ, Antonio, Miguel Alcubierre. Testimonio de la emigración y el exilio, Zaragoza, REA, 2009, p. 24.

Este extracto viene a colación de tantas y tantas palabras dedicadas a las relaciones catalano-aragonesas o aragoneso-catalanas. Sea por los bienes esos, el agua aquella, el archivo de la Corona, los agravios, las lenguas, los estatuticos y olimpiadas varias. Comentaba Purnas hace poco que el desconocimiento catalán de la realidad aragonesa es casi universal, aunque los problemas residen en cosas pequeñas, menores, y el enémigo suele tener otra centralidad (española-madrileña en este caso). Aún con todo, el subconsciente colectivo en los años veinte dejaba a los aragoneses en buen lugar, hermanos, pueblos hermanos. Lo de castellanufos lo dejamos para el cubateo de garrafón.

Casi todo queda lejos de la aragonesidad plena. Y no hablamos de jotas. Hace un tiempo leía que la Red Aragonesa de Espacios Escénicos (que aglutina administraciones de los cuatro niveles -nacional, provincial (sic), comarcal y municipal- para mejorar la oferta cultural) programó un 39% con artistas aragoneses, un 53% con estatales y un 8% vinieron de fuera del Estado (“La RAEE reúne a treinta técnicos culturales en San Juan de la Peña”, Diario del Altoaragón, 15.05.09).

Y de la acción de algunos al silencio de otros. El banderón colonial ya no está en la plaza de Aragón. Tierra Aragonesa informa que fue retirado gracias al procedimiento que abrieron con el Justicia de Aragón. Y también gracias a la presión y movilización social de la coordinadora “Española, au d’astí”. Esto vuelve a demostrar la vigencia de la doble vía a la hora de atacar y sacar frutos del españolísimo sistema. En todo caso, grata noticia que reconforta un tanto a espacios anticoloniales como éste. Las multas que iniciaron el incendio socio-mediático siguen su curso. Habrá que estar vigilante.

Muy bueno el post de hace unos días en Desde Banarus, comentando la ley del embudo y el cruce de declaraciones entre el presi del Barça y el de la región cántabra (Revilla). Y como los medios generan su opinión y marcan los límites de lo bueno y lo malo. El “radical” Joan Laporta es independentista, con cuernos y malo maloso. El que conozca a Laporta sabe lo que piensa desde hace años. En cambio enfundar la camiseta del Sevilla F.C. con los colores de Ejpaña, eso es lo natural, porque, claro, “todos somos ejem”. Pues no es así. E insistimos en “no me siento español ¿y qué?”. Pero la banalidad de los nacionalismo centrales ejerce de probeta, de ciencia exacta, en la que todo lo no-estatal, es digno de diván, cárcel, ilegalización o radicalismo de serie B. Así son. Pero para eso estamos. En los blogs, en la calle o en la tertulia del sábado. Por eso, agradezco a Laporta su sinceridad, ya que quien avisa no es traidor.

Post Data: genial foto del “apolítico” presidente del Real Madrid junto a José María Aznar el sábado pasado. Las matan callando.

Empatizo con el blogger Al este del Moncayo por su post-anécdota “Identidades nacionales divergentes”, y también por extractos como este…

Yo me puedo sentir lo que me dé la gana, nadie me puede imponer mi identidad por Ley. Obligarme a sentirme español es igual que la obligación Franquista de una identidad sexual hetero o la obligación de una identidad religiosa cristiana. Estamos hablando de identidades. Y cada uno desarrolla su propia identidad en muchos ámbitos. Y, precisamente, en la diversidad de las identidades de todas y todos es donde radica la riqueza cultural, la pluralidad y la madurez de una sociedad. Ese fue el argumento central que mantuve en toda la conversación.

Todo independentista, soberanista, no-español de la vida, o periférico de pro, tiene que sufrir de forma más o menos frecuente la opinión inquisitorial de los españoles, sanos y ufanos, amigos nuestros, padres, madres, hermanas, novias y novios, compañeros de copas o de trabajo. “Es lo que pone en tu DNI”. Te jodes y punto. Le tocó a nuestro compañero de fatigas pero la banalidad de ellos nos tiene que hacer más fuertes. Hay que responder con inocente naturalidad: no me siento español ¿y qué?

Casi se me pasa pero no lo podía resistir. Viendo el percal. 29 de junio de 2009. Ummm! 1707. El inicio del fin de una nación, y de un Estado como tal. Entalto Aragón. Entabán, que dicen por ahí. Casi na. 302 años de imposición, borbónica y lo que sea. Me da igual. Tres siglos ejerciendo de España. Tal cual. Una pena. Poco eco dentro del movimiento, así nos va, como puta por rastrojo (leo que Tierra Aragonesa celebró la cita en Uesca). Y Cha que cumple 23 años, pero poco dice de la efeméride, tierra quemada, desorientación, sol, calor. Y llega julio. Hoy hace un año de la explosión españolista en la Eurocopa, los medios coloniales amplifican esta Nueva Planta, más simpática. Es lo que tiene el deporte. Y así es nuestro país. Contando los siglos, como si nada pasase.

A los españoles les salió el tiro por la culata con la última final de la Copa del Rey (ver Todofinalesunprincipio, “Manipulación”, 14.05.09). Querían algo “a la inglesa”, la FA Cup, un evento social que nacionaliza en el país inventor del fútbol. Algo así como una tradición en plan Nochevieja, reunión familiar, paellica del domingo (allá pastel de carne), mucha cerveza y momento ultrabritish, viendo a la reina Isabel II por la tele. Sentirse miembros de una comunidad compartida de valores. Eso quieren ellos. Pero no fue así, se estuvo más cerca del jacobino hexágono y sus pitidos a “La Marsellesa” en un partido entre Francia y Túnez. ¿Dónde están los límites? Los ponen ellos, en lo natural y en lo arrogante, pero está claro que cuando se pita, es que algo pasa. La punta del iceberg.

Como bien comenta Juan en el post Lo que esconde el derby, había banderas de España a tutiplén. Tan españolitos unos como otros. A eso nos ganan pocos. Un partido que sociológicamente trasluce muy bien lo que somos los aragoneses: una nación destrozada sobre las ruinas de la miseria, la envidia y un extraño localismo pseudoetnicista.  Insultos, provocaciones, es fútbol, dirá alguno, pero la conclusión de todo esto es que muchos aficionados del Reyal Zaragoza odian al Uesca a partir de ahora. Con lo que muchos oscenses han conseguido lo que querían, la teoría de la acción-reacción. Está claro, con estas patochadas, Aragón no gana. Por cierto, gigantesca bandera nacional al saltar los jugadores al campo, tan grande que ni la ví. 

 

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