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Cinco elementos definen el nacionalismo español en la actualidad: 1) LA MONARQUÍA (lean a la prensa en el discurso navideño del Rey); 2) LA CONSTITUCIÓN (en su sentido carcelario y limitante); 3) LA LENGUA (el castellano como arma arrojadiza e imperialista); 4) LA TAUROMAQUIA (tema castizo pero con potencial identitario tal y como se ha visto con la prohibición catalana); y 5) EL DEPORTE (o fútbol).

De este elemento me gusta escribir con relativa frecuencia (Trazos de octubre, La mejor españolización posible) y el españolismo mediático nutre bien hechos como el del pasado mundial de Sudáfrica. Pero la última perla ha venido con la elección de Leo Messi (argentino) como Balón de Oro del 2010, y toda la parafernalia de noticias y opiniones de la prensa deportiva estatal, aludiendo a una conjura antiespañola, como en los buenos tiempos del Caudillo, para justificar que ni Xavi ni Iniesta (los otros dos favoritos al trofeo) hayan sido premiados. Como siempre, quienes mezclan política, identidad y deporte son ellos, es así, saben que socializar españolismo a través de modelos de éxito es una garantía de ciudadanos adoradores del estatus quo y por lo tanto fieles a los valores que sustentan a la españolidad (como los cinco que he nombrado al principio del post).

Menuda semanita hemos tenido. Con guiños por todos los lados. De Alvarito Arbeloa haciendo de pregonero zaragozano, Copa del Mundo en la mano, para recordar a todos los colonos lo felices que son. Y los mass-media cumpliendo su misión perfectamente. Igual que lo hicieron con la manifestación antitaurina, exponiendo cifras a la baja o ninguneando la pluralidad en sus espacios de desinformación. Entre semana, nos encontramos con el fútbol europeo, un Italia-Serbia y un personaje “siniestro”, Ivan Bogdanov, cabecilla mediática de esa conjunción entre deporte y ultranacionalismo. “Es el mejor hijo”, decía su madre. Bochornoso espectáculo. De aquí a la eternidad, llega este fin de semana y ya tenemos la composición definitiva del Consejo Superior de las Lenguas de Aragón. De esto escribiremos la semana que viene.

Vamos a cambiar de tercio tras la triste (y emotiva) semana labordetiana. Quiero dedicar unas líneas a un club de fútbol de los más atípicos en toda Europa: el Sankt Pauli de Hamburgo. Un equipo que tiene por bandera una calavera pirata y que además recoge una serie de peculiaridades que lo convierten en un club muy popular en el Estado alemán. Con un pequeño estadio, situado en un barrio obrero de Hamburgo, sus valores contrastan con el club poderoso de la ciudad (el Hamburg), el de las clases acomodadas. La afición del Sankt Pauli se caracteriza por sus convicciones antifascistas y antirracistas, aspectos que el propio club recoge en sus estatutos. Incluso algunos jugadores de este equipo se han implicado en el movimiento okupa de la ciudad o han participado en brigadas de solidaridad por centroamérica. Todo un ejemplo de cómo hacer las cosas con otro estilo en el apestoso y millonario mundo del deporte rey.

10 jugadores procedentes del Alto Aragón (lo que viene siendo provincia de Huesca) han formado parte de la primera plantilla del Real Zaragoza en sus 78 años de historia. Pocos muy pocos, aunque podríamos contar también a los hermanos Lapetra, que en la fuente que he consultado aparecen como “zaragozanos”. Está claro que el fútbol aragonés no ha sido puntero históricamente: la cantera vasca y catalana siempre ha administrado de jugadores a equipos como el Zaragoza. Aunque la proximidad geográfica también hace mucho: de esos 10 futbolistas altoaragoneses, la mitad son de Almudébar. ¿Cantera o cartera? Las provincias impermeabilizando esa identificación entre club y país. Eso sí, habrá que contar cuántos zaragozanos han defendido la elástica oscense. Supongo que serán muchos más, cuestión demográfica. Pero este tema es historia para otro post.

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El reverso de la historia es cuando vemos las cosas al revés y la evidencia de que Ejpaña es campeona del mundo del deporte rey está ahí. Ayer, por curiosidad, salí a echar un par de copas, solitario, mentalmente, en un bar, en el que se mezclaban gentes jóvenes con un sentimiento español exaltado, banal pero fuerte: niñas pintadas, garrulos con banderas franquistas-fascistas, veinteañeros con su camiseta roja, inmigrantes con ganas de españolizarse ante un éxito. Recuerdo cánticos en bares, cuando nosotros, provocábamos al personal, con Independenzias y lemas variados. Los duales callaban consternados. Cambian las tornas y hemos de aceptarlo. Hay una nueva generación que se sienten, ante todo y sobre todo, españoles. El modelo autónomico ha sido un “éxito” en cuanto a descentralización pero ha fracasado en el plano simbólico, por lo menos para el pueblo aragonés. Ha nacido el nuevo nacionalismo español, sin complejos, ni ataduras. Como decía hoy una periodista de un canal estatal: “por fin podemos enseñar nuestra bandera sin que nos digan fachas”. Es así. Lo demás, será una impostura. Al tiempo y reflexionemos sobre el nuevo escenario de lucha anticolonial.

Esta es la fábula del elefante y la mosca, que vivían en idílica y conflictiva relación. El elefante, mamífero por excelencia, pasivo, gigante, se deja “putear” consciente de su fortaleza. La pequeña mosca, activa y constante en su esfuerzo, trata de molestar al elefante, que encima no le deja salir de su territorio, volar en libertad. Ella, tiene que mostrar continuamente sus armas, su identidad, si no fuera así, desaparecería ante la gigantesca masa animal del elefante, el cual, cuando se emborracha o alegra en exceso, tiende a la prepotencia, y hace cosas raras, vanagloriándose de su fuerza, riéndose a carcajadas de la mosca, que ve su libertad cerca pero algo intoxicada. Esta es la fábula de cuando el nacionalismo español, el que no existe, exhibe su banalidad, ante moscas periféricas como la aragonesa.

Podría copiar y pegar el post del año pasado ya que las sensaciones son tan parecidas que parece que vivimos un eterno día de la marmota. En un día preparado para sufrir otra exaltación nacionalista más, si España ganara a Portugal en los octavos de final del Mundial. Es lo que hay, la blogosfera calla ante esta fecha y las organizaciones sociopolíticas más de lo mismo (ni TA, ni CHA, ni su Fundación 29 de junio, ni BIC ni nada). La crisis en la agenda de unos, las fiestas campestres en otros y la incapacidad en algunos. Viento en popa al absolutismo español. En bandeja de plata.

Recuperamos reflexiones clásicas, como las que giran en torno al dios fútbol y su gran orgía, el Mundial de Estados-nación. Podéis recordar sinsabores varios de hace 2 años (Reasimilación: España y la Eurocopa), y así comprobar que las cosas que escuecen, escuecen de verdad. El otro día leí una afirmación bien concluyente, de Mariano Rajoy, venía a decir que la Roja es un elemento de firme cohesión nacional. Que nadie lo dude. Mañana debuta esa selección y todo está orientado para españolizar a las masas, más si cabe: merchandising, fiestas en bares, camisetas por todos los lados. Alguien dirá que todo esto se repite siempre. Pero este año el fervor banal es aplastante, soberbio y contundente. Ahí está, ni mil charlas, ni mil pancartas, ni nada. El deporte manda. Y aquí tenemos que esperar.

Acabó la temporada de fútbol y el Real Zaragoza logró la permanencia. El pasado 31 de diciembre el club estaba al borde de la quiebra a todos los niveles: con el Consejo de Administración que dimitía en bloque (el sociata Bandrés al frente de la misma), el equipo en puestos de descenso, un entrenador de prestigio que no era fichado (Víctor Muñoz) y otro que estaba de interino y terminó triunfando (José Aurelio Gay), un dueño de la SAD (Agapito Iglesias, 96% de las acciones del club) totalmente discutido, una deuda económica importante y una planificación deportiva absolutamente desastrosa e irresponsable (fruto de las disputas entre diversos directores y cargos técnicos, léase Herrera, Poschner o Prieto). 23 jornadas después, el equipo se salvó, con 7 fichajes nuevos (como cambiar a un tercio de plantilla a mitad de temporada), sufriendo y demás. Pero la crisis-fractura sigue ahí. El Real Zaragoza necesita una idea, un proyecto que le identifique, si es el equipo de Aragón, promocionando cantera, fichando jóvenes valores, dándole las riendas de la dirección técnica a zaragocistas de verdad, apostando por una ciudad deportiva moderna en la que podría cogestionar intereses con la SE Uesca (¿instalaciones en Zuera?) e ilusionando a la afición. Los elefantes siempre hacen ruido y este supuesto nuevo Sevilla (rumor del año 2007) escandalizó lo nunca visto. El fútbol es identidad y la hoja de ruta debe cambiar ya.

Ayer se jugó un interesante y disputado partido de fútbol entre el Real Zaragoza y el Real Madrid. Los aragoneses están luchando por evitar el descenso de categoría, mientras que el equipo español está peleando por el título de Liga. La cosa viene por la acusación desde los medios de comunicación españoles (de Madrid) sobre la dureza del juego del Zaragoza, que realizó 21 faltas (22 el Madrid), llegando casi a la criminalización del equipo. El equipo aragonés perdió 1 a 2. Ellos son así. No hace falta darse excesivo mal. Diario As, Marca, Cuatro. El fútbol, igual que la política. Dependen de donde venga, es un uso que se convierte en abuso. En ese sentido, igual da Madrid que Barcelona, la sensibilidad y la objetividad suelen colgar de la raja de ese fino elemento…

Otra cosa es el debate entre seguidores del Zaragoza, que raya lo identitario, sobre la percepción desde Madrid sobre el equipo de sus amores, orgullo patrio, el fútbol como religión de la modernidad:

http://www.aupazaragoza.com/foro/viewtopic.php?t=68579

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