¿Cómo construir una sociedad racista?

Me lo han pasado. Es de Lucía Extebarría. Triste reflexión…

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“Cómo construir un país racista. 1) Destine gran parte de las arcas municipales o comunitarias a embellecimiento de la ciudad y obras públicas. Si no es usted honrado embólsese las correspondientes comisiones y cobros de favores. Si cree serlo, simplemente gánese el favor y el agradecimiento de grandes empresarios que le serán útiles en el desarrollo futuro de su carrera política. 2) Y destine una ínfima parte del presupuesto común a guarderías, ludotecas, campamentos, piscinas, sanidad y viviendas de protección oficial. Así, cuando se haga el reparto de esos bienes sociales, les correspondera a los inmigrantes, primeros perceptores por menos renta. 3) Manipule usted sus medios afines para que difundan el mensaje: “Los inmigrantes nos quitan los pisos, las plazas de colegio y guardería, colapsan los servicios sociales. Y así la gente no pensará “mi alcalde o mi presidenta no destina lo necesario a servicios sociales”.

2 Responses to “¿Cómo construir una sociedad racista?”

  1. Triste, pero así es.

    Lucía, siempre tan de mi gusto ;)

    Salut!

  2. Esta chica es una demagoga. Tengo un compañero de trabajo racista. Es obrero y soldador, y estoy currándomelo para que renuncie al racismo, pero es dificil.
    Tiene 27 años y a pesar de tener trabajo fijo todavía vive con sus padres, en un piso sin ascensor del barrio de las fuentes (¿cuántos obreros pueden afrontar no ya la compra de un piso, sino un alquiler?). De 26 vecinos, su familia es la única “aborigen”, el resto son rumanos, senegaleses y ecuatorianos.
    En el taller, de 7 obreros que estamos (no cuento al encargado) 4 cuatro son rumanos.
    El Capital ha traido a los inmigrantes para bajar los salarios y para hacer de chivos expiatorios de su política de privatizaciones, externalizaciones, precarización y trabajo basura (puedes estar “fijo”, pero tu despido vale un chavo y tienes que hacer horas como un cabrón para completar con dinero negro una nómina miserable). Además los inmigrantes no tienen cultura de izquierdas: vienen para ganar pasta y volverse ricos a sus países (en Rumanía un obrero cobra como la sexta parte que aquí), a presumir de lo bien que les va, tienen comportamientos burgueses, son de derechas.
    Debemos fortalecer la cultura de izquierdas para incluir en ella a todos los trabajadores, pero es complicado tanto que mi compañero zaragozano no se sienta invadido en su barrio por los extranjeros, como que mis compañeros rumanos no renuncien a comprarse un Audi, adquirido tan solo para presumir ante sus parientes y conocidos de Rumanía.
    La demagogia de la chica ésta contribuirá a labrarse su imagen de progre, pero no a superar esta contradicción interna de la clase obrera.

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